Bibiana

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Bibiana Marful Castañal. Mondoñedo, 1974

Dibujanta de pajaritos que vuelan hacia estrellas azules, tejedora de cestos de tesoros, pandereteira aficicionada y gaiteira empeñada.

Mi primer perro me enseñó que se puede dar sin esperar nada a cambio. Mondoñedo me brindó la oportunidad de subir a los árboles, recoger renacuajos, hacer batallas de bolas de nieve. Convivir con una familia extensa me hizo aprender que la vida y la muerte son inseparables.

De niña quise ser médico, inventora, pianista, escritora de cartas, divisadora de ovnis y monitora de campamentos. A lo largo de mis primeros 16 años de vida desarrollé estas profesiones con éxito desigual. Como monitora empiezo a construir mi visión de la infancia.

Estudié Pedagogía en Santiago y descubrí que se podía ejercer de monitora y de directora de tiempo libre, más allá del voluntariado. Me formé para ello y seguí disfrutando de los campamentos de verano.

Al finalizar mis estudios me surge la posibilidad de acercarme al mundo de la educación infantil y ahí empieza mi caminar en este espacio tan pequeño y tan inmenso, que es el del desarrollo en los primeros años de vida.

Tuve la suerte de dar con grandes profesionales en mi camino que me acompañaron y orientaron en los primeros años y encauzaron mi desarrollo personal y profesional.

14 años de experiencia en educación infantil, tutora de niños de 18 meses a dos años, y de los grupos de cuarto a sexto de educación infantil en ambas etapas descubrí que la infancia nos enseña la verdadera esencia de la vida.

Aprendí de los niños a seguir sorprendiéndome con las telas de arañas congeladas, a intentar ayudar a los polluelos caídos de un árbol, a estar un rato muy largo dando de comer a los peces de una charca, a buscar bichos en el suelo, a criar una mantis religiosa. Aprendí a esperar, a contenerme, a respirar, a disculparme, a llorar en público, a hablar de lo que nadie quiere hablar.

La música lleva en mi vida desde antes de nacer, cantar es una de mis formas de expresión. La música tradicional me transporta muy atrás en el tiempo y me coloca muy cerca de la tierra, disfruto con ella y me gusta compartirla con los niños y niñas: la percusión con la pandereta como base rítmica, la infinidad de coplas tradicionales, pero también el jazz, la música clásica, el rock. Actualmente sigo aprendiendo música tradicional y pedagogía musical.

Los perros me llevan otra vez a la infancia, a la alegría de vivir, al conectar con unos ojos que saben mucho de ti. A los recibimientos siempre alegres, a la comprensión más allá del lenguaje, a la compañía silenciosa y también a la despedida y al dolor del adiós.

Que niñas y niños tengan un perro en casa no depende de ellos o ellas pero deberían de poder encontrarse con la posibilidad de convivir con otros seres vivos, animales como nosotros. Mi formación como técnica experta en intervención asistida con animales pretende ser la puerta que una estos dos mundos: el de los perros y la infancia.

La naturaleza me conecta con la ilusión, la creación, la libertad, el silencio, el misterio, lo inexplorado. La formación en Bosquescuela me ha dado las herramientas para profundizar en la biopedagogía y en la nueva corriente de educación en verde, en la que siento que se debe enmarcar el proyecto que ahora inicio.

Infancia, música, perros, naturaleza y pedagogía confluyen en mi para iniciar un proyecto tan pequeño que quepa en la mano de un niño y tan grande como la madre tierra que lo acoge.

Nenea es el árbol que afianza las raíces en la tierra, para crecer nutrido por la vida.